My Dad’s on Death Row: ¿de verdad no es legítimo matar a un monstruo?

My Dad’s on Death Row: ¿de verdad no es legítimo matar a un monstruo?

Un documental incómodo. Eso es My Dad’s On Death Row, producción que aborda el controvertido asunto de la pena de muerte desde un ángulo diferente. Adiós, buenismo. Aquí los condenados cometieron el crimen. No se trata de víctimas del sistema. O no exactamente. Y en este caso: ¿seguimos conservando nuestra fe de progresista hasta el punto de oponernos a que se ejecute a un monstruo?

Generalmente, en el cine y la no ficción, se ha preferido hacer militancia contra la pena de muerte eligiendo a un inocente como protagonista.

No hay dilema moral alguno en alzar la voz contra el asesinato institucionalizado si el condenado no cometió el crimen.

Pero ¿y si se trata de alguien que mata a sus hijas de 9 y 11 años y ante la cámara muestra su total indiferencia al respecto? Alguien que bromea sobre la paliza que dio a su ex mujer: “Tendría que haberla matado”. Sin remordimiento alguno. Un tipo capaz de llevarse a dos niñas, llamar por teléfono a la madre de ambas y dejar que escuche los gritos infantiles de terror y los disparos y luego un último comentario antes del silencio: “Feliz Navidad, Mary Jean”.

¿De verdad no podemos desear la muerte a esa bestia repugnante? ¿No es legítimo eliminar a alguien que, debido a su conducta, se ha apartado del género humano? ¿Es totalmente una persona alguien así?

El monstruo de My Dad’s On Death Row se llama John Battaglia. El menos malo es Coy Elvis Wesbrock, aunque matar a cinco seres humanos en un arrebato de ira tampoco tiene una disculpa clara.

Este documental de Netflix dirigido por Thomas Leader en 2016 cuenta la historia de dos condenados a muerte a través de sus propios testimonios y las de sus hijas y las de víctimas, policías y verdugos.

Están, claro, las novedades incesantes del streaming y luego estas pequeñas joyas perdidas en el catálogo de Netflix. No es un estreno pero no sólo de estrenos vive el rastreador de emociones fílmicas.

My Dad’s on Death Row tiene testimonios de impacto imborrable, un estilo fotográfico delicado y absolutamente efectivo, la capacidad de poner nuestras certezas en cuestión. Oponerse a la pena de muerte implica que no haya ninguna excepción. Pero somos humanos. La militante contra la pena capital que pena bajo la lluvia a las puertas de  prisión pide la libertad de Coy Elvis Wesbrock porque hay una posibilidad de que sea inocente. John Battalgia, el asesino de sus propias hijas, no tiene quién le escriba.

DANIEL SERRANO

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