Ramón Fernández (más conocido en la industria del cine español como Tito Fernández) es uno de los grandes artesanos del celuloide celtibérico y un fabricante de taquillazos absolutamente prodigioso: de No desearás el vecino del quinto a Cuéntame pasando por Sor Ye-yé, Cateto a babor, Las aventuras de Enrique y Ana o Los ladrones van a la oficina. Todos esos títulos son cosa suya.
Y también fue Ramón Fernández quien, en plena Movida madrileña, decidió hacer una película que reflejase aquel fenómeno juvenil que epataba al mundo entero y suscitó la curiosidad de Warhol (hasta el punto de que el artista vino a España y no le dejaron entrar en un garito por llevar zapatillas de deporte, como en la canción de El Canto del Loco).
A lo que vamos.
Ramón Fernández dirigió ¡A tope!, cinta de 1984 en la que salía la Movida en pleno: Alaska y Dinarama, Nacha Pop, Gabinete Caligari, Objetivo Birmania, Aviador Dro, Derribos Arias, Loquillo y Trogloditas (de Barna pero adoptado en las cavernas pop del foro), Golpes Bajos (venidos de la Galicia canibal pero idem de idem) y hasta los valencianos Vídeo, recordados por su fabuloso único éxito: La noche no es para mí.
Eso sí, el tono de la peli poco tiene de moderno. Se trata de una deliciosa impostura a la que el paso del tiempo ha convertido en placer culpable.
Además de los grupos de la Movida se compone el reparto de ¡A tope! con una mezcla de viejas glorias, cómicos que pasaban por allí y (atención) Cristina Torres que fue Desi en Verano azul y luego abandonó la interpretación para dedicarse a la enfermería.
Bea en la Movida podría haberse titulado también este ¡A tope!
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De Tip y Coll a Mary Santpere
Dentro del disparate que es ¡A tope! reseñemos la presencia de Tip y Coll colando gags y chistes locos aquí y allá, Rafaela Aparicio y Mary Santpere demostrando su inmenso talento cómico y un puñado de chavales ajenos al mundo de la interpretación que sirven para dar (ejem) veracidad a este experimento pop más cercano al espíritu chanante de Los chicos con los chicas de Los Bravos que a ¡Qué noche la de aquel día! de Richard Lester y The Beatles.
¿Uno de los momentos cumbre de la peli? Tal vez la interpretación a dúo de Quiero un camión en un bravo mano a mano entre Loquillo y Alaska. Estropeada, eso sí, por insertos de la chavalería en Mobylette por las calles del Madrid de 1984. Pero bueno.
Qué tiempos aquellos.
Y el cartel de la peli, ejecutado por Gallego & Rey con su inimitable estilo.
Luego vendrían las pelis de Manolo Summers a mayor gloria de los Hombres G. Pero de esas hablaremos otro día.
Ah, por cierto. ¡A tope! pasó sin pena ni gloria. A los jóvenes les pareció viejuna y a los viejos tanta caja de ritmos les daba dolor de cabeza. El cine español del momento avanzaba ya por otros derroteros: aquel 1984 se estrenó ¿Qué hecho yo para merecer esto? de Pedro Almodóvar, Los santos inocentes de Mario Camus o Tasio de Montxo Armendáriz.
No pasa nada. Tito Fernández se despidiría con gloria volviendo al éxito masivo con Cuéntame, serie de la que fue artífice principal.
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