Más allá del talento artístico que posean (o dejen de poseer) Los Javis hay que aplaudir su valor cívico, su feliz apuesta por la militancia en una ética de la tolerancia y la diversidad. La llamada era una fábula en ese sentido, hay guiños a ese planteamiento vital en Paquita Salas y ahora Veneno redime a un personaje cuya vejación televisiva preferimos olvidar.
Pero el olvido no es un buen modo de resolver las cosas.
La Veneno fue uno de esos seres humanos a quien Pepe Navarro introdujo en la tritutadora de Esta noche cruzamos el Mississippi que lo mismo servía para reirse con la raja del culo que Florentino Fernández asomaba por el pantalón que para horrorizarse pornográficamente con el padre de una niña asesinada en Alcàsser.
No queremos acordarnos y, sin embargo, hay que acordarse que a Cristina Ortiz La Veneno se la llevaba a un plató para que exhibiese lo que el público de aquella España de los 90 consideraba una suerte de monstruosidad. También había morbo, claro.
Luego su presencia se convirtió en un símbolo de lucha, de resistencia, del modo en que el movimiento trans ha tenido que pelear.
Eso está bien.
Incluso aunque un ayuntamiento como el de Madrid retire la placa que se colocó en su memoria allá por las cuestas del parque del Oeste donde ejerció la prostitución.
Contra toda esa miseria moral se erige la serie Veneno, que le ha gustado al mismísimo vicepresidente del Gobierno (y a mucha otra gente).

Los Javis resultan necesarios.
Y avergüenza recordar la España que se reía de La Veneno, el gesto de Pepe Navarro, las broncas en plató, jaleadas, promovidas, esa jactancia heteropatriarcal con tufo a Varón Dandy y coñá.
El mundo ha cambiado para mejor en muchos aspectos. A pesar de los pesares (que continúan). Hoy no sería posible un programa tan cruel como Esta noche cruzamos el Mississippi. Afortunadamente. Cristina Ortiz tal vez hubiera alcanzado la gloria de los platós de otro modo en la España del siglo XXI. Con mayor dignidad. Quizá. Quién sabe.
Lo único cierto es que su redención se ha producido a través de una serie de televisión que hace justicia (poética) a su atribulada existencia.
Bien.
Seamos mejores. Y enhorabuena a Los Javis por su nuevo éxito. Y que sigan reivindicando la dignidad de personajes como La Veneno. Cristina Ortiz. Icono (al fin).
DANIEL SERRANO
Foto: Gtres
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