Lo ha dicho la revista Time Out, que el año pasado incluyó en su ranking de barrios molones el madrileño distrito de Embajadores que (en realidad) es Lavapiés e inmediaciones, y ahora ha dicho esta publicación señera que L’Esquerra de l’Eixample es lo más de lo más.
Se trata de una zona de la Barcelona que resite a la turistificación salvaje y en el que se conserva autenticidad combinada con ímpetu juvenil y nuevos proyectos que respetan el entorno y la personalidad de este territorio urbano que está formado, en realidad, por dos barrios: l’Antiga y la Nova.
¿Y qué hay que explorar en este espacio barcelonés que son dos barriadas y es (para Time Out) una sola?
Pues, por ejemplo, la Fábrica Lehmanm (C/ del Consell de Cent, 159), vestigio industrial fundado en el siglo XIX por una familia alemana a la que enamoró la Ciudad de los Prodigios de aquella Exposición Universal de 1888 y ahora se ha recuperado para la modernidad más furiosa pero sin perder su carácter de vanguardia arqueológica.
También está en el barrio l’Espai Germanetes, jardín urbano de enorme interés y, sobre todo, apuesta decidida por otra ciudad en la que el asfalto no lo sea todo.
Es cita obligada la Casa Golferichs (Gran Vía de les Corts Catalanes 491), palacete modesnista convertido en centro cívico.
Está también el parque Joan Miró, la universidad de Barcelona y sus jardines o el restaurante Semproniana, a la espera de que pase este terrible tiempo de confinamiento para poder disfrutarlo presencialmente. Mientras tanto, quizá un pedido a domicilio tenga que bastar.
El caso es que cuando toda esta catástrofe a cámara lenta pase, merecerá la pena desplazarse al barrio más cool del mundo (según Time Out). Pero, sobre todo, a un barrio que pelea por mantener su identidad en medio de esta globalización rampante que todo lo llena de Starbucks y patinetes.
ADEMÁS: Escapadas de otoño para hacer o soñar
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