De la cosificación del desnudo al empoderamiento, hay un paso. Y para darlo es necesario no solo cambiar el punto de vista, sino también tomar el poder: que las mujeres pasemos de que otros decidan por nosotras a recuperar el control de nuestras vidas y de nuestros cuerpos, eligiendo cómo, cuándo y por qué mostrarlos… o escogiendo no hacerlo.
Dicho así, parece fácil. Y lógico. Pero, en la práctica, no resulta tan sencillo. En los últimos tiempos, celebrities como Emily Ratajkowski o Lena Dunham han tenido que soportar todo tipo de juicios sexistas por el simple hecho de desnudarse y enseñarlo sin intervención ajena. Por el simple hecho de ser sus propias dueñas. ¿Dónde está el problema?
Muy probablemente, en que no todo el mundo entiende que las decisiones sobre nuestros cuerpos solo nos corresponde tomarlas a nosotras. En que no todo el mundo entiende que, el hecho de que una mujer se quite la ropa, no la hace más o menos libre. Ni le da derecho a nadie sobre su desnudez. Y, por extensión, en que no todo el mundo puede dejar de sexualizarnos de la noche a la mañana y asumir que unos pezones, unas caderas con estrías o una axila sin depilar son tan naturales como las partes análogas en la anatomía de un hombre.
Una vez más, el sistema patriarcal toma forma de injusticia que oprime y no deja ser, sino que limita. Y es ahí donde el feminismo aún ha de defender (en cualquier situación) y luchar (a muerte) por el derecho al desnudo al igual que defiende y lucha por el resto de derechos. Sin frivolidades. Con convicción. A través de un selfie en Instagram o de lo que a nosotras nos dé la gana.
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Alba Galocha, Miranda Makaroff y otras chicas (valientes)
Para una mujer, desnudarse no debería suponer un gesto de valentía sino algo normal. Sin embargo, desde pequeñas, la cultura de la violación nos ha inculcado que nuestros cuerpos son motivo de vergüenza o de provocación, que debemos taparnos.
Más acá, la lucha continúa con personalidades a prueba de actitudes machistas. Recordemos que, 2018, la modelo Alba Galocha y la actriz Verónica Echegui protagonizaron un sublime topless en IG; y no dejemos de tener en cuenta a artistas e influencers como Miranda Makaroff y María Forqué, cuyos perfiles se convierten a diario en una oda a la belleza feminista más allá de sus cadenas.
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¿Y Kim Kardashian qué?
El caso Kim Kardashian pide una reflexión aparte. Algunas voces afirman que lo suyo en concreto es puro negocio y no feminismo.
El que sus fotos de Instagram cosechen millones de likes (y, en ocasiones, también de euros) puede despistar; pero centrarse en el negocio no ayuda al feminismo. Pues no existen feminismos mejores que otros. No hay una forma “mala o buena” de hacer activismo, ya sea en redes sociales, ya sea en cualquier otro escenario físico o simbólico. Lo que sí hay es infinitas perspectivas, infinitos caminos, infinitos gestos de lucha.
La lucha. Fuerte, firme, unida y sorora. Nuestra y de nadie más.
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MILA GARCÍA
Fotos: Cordon Press e Instagram
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